La mañana, el espejo, mi desnudez.
Pasan nueve segundos antes de que me de cuenta de que estoy aquí, clavada en el espejo observando mis grietas, mis caminos, mis ríos, mi propio abismo en mi mirada. Sin duda he perdido más vida de la que tenía ayer, y así cada día, cada amanecer.
Bendigo al hombre que se ha enamorado de mí y que lucha cada tanto por no dejarme caer, que me encuentra entre las garras del oscuro y lo ahuyenta, me devuelve la fe. Que me acepta cada que me voy y regreso de mis locos viajes mentales y a veces, hasta hace fiesta para celebrarme.
Afortunada, ese debería ser mi segundo nombre, más cuando abro los ojos es inevitable sentirme al contrario. Quizá es que me levanto del lado izquierdo, sí, seguro eso es. Por eso la reuma de la noche me jode todo el día y no hay abrazo ni beso que me caliente los huesos, los sesos, el alma.
-Brujah.
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